Comentario de texto "Fuerzas que impulsan el cambio"

El texto a comentar trata acerca del giro que ha tomado la política cultural en los museos en estas últimas décadas. Se trata de una política educativa que intenta llegar y atraer a todos los públicos. Para ello se ha desbancado al museo tradicional, percibido desde nuestro horizonte contemporáneo como anacrónico, elitista y aburrido, para hacer del museo un lugar atractivo adaptado a las necesidades del público, donde poder obtener una experiencia física que utilice todos los sentidos. El marqueting se ha convertido en parte del trabajo del museo moderno, como una herramienta indispensable para lograr mayor público y mayores beneficios.

Podríamos interpretar la tendencia de esta política museística como, por lo menos, resultado de la suma de dos fuerzas o de dos procesos: por un lado, el hecho de pasar a concebir al público como sujeto activo y ya no como mero espectador pasivo y, por otro lado, el afán de llenar de público los museos y de extraer con ello mayor rentabilidad. A continuación hablaremos de esas dos fuerzas y de la relación de cada una de ellas con la temática del texto que nos ocupa.

Con la postmodernidad se produce una desarticulación del concepto de sujeto tal como éste se había entendido tradicionalmente. Ahora el sujeto deja de ser concebido como sujeto pasivo que absorbe y aprehende la realidad de una forma transparente y pasa a ser entendido como un elemento activo y transformador. Este hecho desdibuja la barrera que separaba o delimitaba el público receptor del autor de la obra artística. Dicho de otro modo: el cambio de concepción del sujeto implica por extensión un cambio del concepto de público o receptor de la obra artística. Un ejemplo que ilustra muy bien esta idea es la figura de John Cage, la transformación que su arte y su concepto de performance comportó en el panorama conceptual estético.

Como bien expresa el texto, cada vez más los museos buscan potenciar o hacer más accesible la interacción entre el público y aquello que se expone. Para ello se ha tendido a utilizar métodos de exposición ya no sólo centrados en la vista o la mera observación, sino que se ha introducido la experimentación de sensaciones a través de todos los sentidos. Recuerdo en mi infancia una visita con el colegio al museo de la ciencia de Barcelona, donde en una actividad llamada “Toca toca, no toquis no” se nos ponía en contacto directo con animales del fondo marino, como crustáceos, esponjas, estrellas de mar,... Tras una exposición teórica donde nos explicaban las características de algunos de los seres que habitaban el fondo marino, procedíamos a tocarlos directamente (a aquellos que no eran peligrosos), cogiéndolos de un lago artificial de escasa profundidad que recreaba el fondo del mar. Para nosotros los niños era muy emocionante tocar una estrella de mar, tenerla entre las manos,... disfrutamos y a la vez aprendimos. La actividad sirvió además para transmitirnos una serie de valores: el respeto por la naturaleza, por los seres vivos. La insistencia en la importancia de tocar suave, con cuidado de no hacer daño a todo lo que fuéramos a tocar potenció una sensibilidad. No hubo ningún percance y todos tratamos con respeto todo aquello cuanto tocamos.
Pienso que esta experiencia constituye un ejemplo de la política educativa que se ha ido desarrollando en estas últimas décadas, en la que el museo cobra especial relevancia explotando al máximo su papel educativo, aunando diversión con contenido educativo. Aquí el público es totalmente activo y participativo.

Por otro lado, el marqueting se ha convertido en parte del trabajo del museo en la actualidad. El departamento de marqueting persigue conseguir público, adecuando las posibilidades del museo a las necesidades del público. En el texto a comentar, la familia aparece como un sector de público que está creciendo con rapidez. El marqueting detecta cuál es el público objetivo y se propone trabajar para él. En este caso, se hace hincapié en la necesidad de incorporar exposiciones específicas dirigidas a niños en los museos, ya que existen pocas y cada vez más los adultos acuden al museo en compañía de los niños. Del mismo modo, se ha advertido el aumento de la programación para grupos organizados de adultos, para dar respuesta al incremento de visitas de grupos organizados que se han detectado en los últimos años.

Personalmente pienso que un museo no ha de rendirse totalmente a la demanda social. Pienso que han de haber unas líneas de actuación o unos criterios que han de funcionar independientemente. El reto debe ser aunar el hecho de atraer a cuantas más personas mejor y el hecho de ser realmente potente en cuanto a contenido. Un museo no ha de caer en el error de descartar lo rico y complejo en cuanto a contenido por miedo a no ser comprendido o no llegar a todos los públicos. Y aquí entra el papel cómplice de la escuela, que pienso ha de trabajar en la tarea de sensibilización. El museo puede servir como complemento de esa educación, de ese trabajo previo de fondo, pero lo que no puede en ningún caso es situarse en el centro, poseer la plena responsabilidad en dichas cuestiones. La escuela es el lugar principal donde transmitir una sensibilidad y una inquietud por el conocimiento, el arte y la cultura. El apoyo a la educación formal es una de las funciones del museo, pero no hemos de caer en el error de delegarle exclusivamente la función educativa. Los museos han de transmitir, provocar, conmover, mover algo en el interior de las personas. Lo de educar es otra historia, es algo que posibilita que eso se produzca.